lunes, 23 de febrero de 2009

P. P. (Primero de Penélope)

Hoy ha sido un gran día para esta chica de Alcobendas.

No podría decir si ha sido justo o no. Aquí, por lo menos en las ciudades pequeñas como ésta, no pudimos disfrutar de la actuación completa porque la película la proyectaron doblada.
Así que para que todos podamos juzgar pongo las cuatro escenas más memorables que son, según creo las que le han otorgado el premio.









Ahora podrás decidir por ti mismo si el premio era merecido o no.

domingo, 22 de febrero de 2009

70 años desde el insoportable destierro.

Desde muy pequeño, no sé muy bien porque, siempre me sentí muy unido a Antonio Machado y sus poemas.
Hoy hace 70 años que murió en el destierro en Collioure, según cuenta su hermano no soportó el periplo de la huida y el vivir allí alejado de lo que sentía suyo.

Este poema creo que le define perfectamente. Pero si quieres leer algún otro pincha aquí y si lo quieres escuchar en la versión que hizo J.M. Serrat ve un poco más abajo.

RETRATO

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—;
mas recibí la flecha que me asignò Cupido
y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje
y esté a partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.


miércoles, 18 de febrero de 2009

Elegia

¿Qué mejor homenaje a Eluana que este precioso poema de Miguel Hernández, versionado maravillosamente bien por J. M. Serrat?